Tal vez pasar página es tan aterrador cómo estar enamorada.


La noche anterior estaba borrosa, había espacios en blanco y momentos que sabía si fueron realidad o un sueño. Le dolía la cabeza, pero no recordaba haber bebido tanto. Pero mientras miraba hacia atrás, repasando todos sus movimientos de la noche, sólo podía ver una cosa: vacío. 

Caminaba sin destino ni dirección, como cada vez que había decidido salir de sí misma en los últimos meses. Pero aún así en ningún momento se preguntó si había sido un error, no dudó ni se arrepintió de haber salido.

Entonces se dio cuenta de que el suyo no era un vacío gris como lo suelen ser todos. Era diferente, era rojo. Rojo como la sangre, como un día lo fue su pelo. Era divertido, era un vacío que cada día se llenaba de una cosa diferente. Pero lo más importante, descubrió que no estaba vacía, sino que simplemente se había vuelto independiente.

El miedo que había sentido se volvió absurdo al ver que se debía a la falta de experiencia, ya que nunca antes había ido de fiesta así. Sabiendo que él estaba a tan sólo unos metros de ella y no queriendo hacer nada para hacerlos desaparecer. Bebiendo por pura diversión, y no queriendo asustar a la vergüenza; sabiendo que no haría nada de lo que arrepentirse a la mañana siguiente. No importándole si lo hacía. No entendía por qué no necesitaba mirarlo, por qué no quería saber de él. No estaba segura de lo que estaba haciendo ni por qué. El hecho de no necesitar pensar en él se anulaba a sí mismo. La diferencia era que, esta vez, no le importaba.

Querida yo:


Sé que es difícil, tal vez hoy más que nunca, pensar en tu vida y el camino que ésta ha tomado. Pero debes saber que no cometiste ningún error. Sé perfectamente qué fue lo que te trajo hasta mí, pero ahora todo el dolor se ha ido. Me hubiera gustado eliminar esa parte de ti que quiere volver, y ojalá no mirases atrás tan a menudo. Hiciste lo correcto, aunque ahora te cueste verlo. No sabes cuánto me alegro de que no te rindieses.
Pero tienes que aceptar que no puedes vivir siempre en este estado de espera. No lo hagas, por favor. A mí también me duele, pero tú vida comenzó hace ya muchos años. Sé que esperabas que todo empezara a los 18 pero eso no es así. Creo que decírtelo es lo correcto, porque de otra forma puedes desperdiciar lo que te queda. Ahora mismo estás descubriendo quién eres y cómo llegar hasta mí. Ahora, no dentro de un mes o un año. No tienes tanto tiempo, ni tampoco lo tengo yo.
No te preocupes demasiado. Nos irá bien.

Finales.


Los peores finales son los que se ven venir. Si algo se acaba de repente, sin previo aviso, se sufre y con el tiempo, se supera. Pero cuando lo sabes de antemano, y aun así sigues adelante, esos finales son los que te desgarran sin remedio. Creo firmemente que nunca se superan, aunque se olviden. Siempre habrá una parte de ti que se pregunte por qué no hiciste nada para pararlo, o por que seguiste adelante sabiendo que había un final. Y lo más probable es que nunca encuentres respuesta a estos interrogantes, porque no existe.

Porque dejar pasar una experiencia, por saber que tiene un final, ése es el mayor error que se puede cometer. Aún con todo lo que conlleva, simplemente son cosas que hay que vivir.

No quiero verle, no le odio, pero no quiero verle.


Supongo que aún no lo he superado del todo. Porque cada vez que lo veo no puedo evitar pensar en él, en mí, en lo que me hizo, lo que nos hicimos. No me entristece, no lo echo de menos, no me da asco. No siento nada y eso me duele más que si lo sintiera todo junto. Se lo ha llevado todo, incluidos los buenos recuerdos. Y ya no tengo nada a lo que aferrarme, nada que verifique el hecho de que él formó parte de mi vida una vez, y fue maravilloso. Nada que demuestre que lo quise con todo lo que soy, y que el me rompió una y mil veces después. Ya no es nadie y verlo sólo me recuerda lo fácil que es perder a las personas que más quieres.Lo fácil que es dejar de necesitarlas. Todo lo contrario de lo que se suponía que sería. Y me duele, un dolor que me desgarra por dentro. Porque ya ni las lágrimas salen, aunque las empuje. Sólo se quedan ahí, en mis ojos, sin intención de caer.