Prima.


Porque cuando todo se derrumba, tú estás ahí.
Porque conoces mejor que nadie mis cambios de humor, mis despertares y mis borderías, y aún así me aguantas.
Porque cada conversación contigo es una cadena de risas, o una cadena de gritos, ambas opciones muy emocionantes.
Porque no hay nadie mas cantoso que nosotras en todo el bar.
Porque nos entendemos sin hablar, ya sea con miradas o con gestos demasiado exagerados.
Porque nos reímos la una de la otra y no pasa nada.
Porque apostamos cosas que luego no pagamos.
Porque la felicidad de una es instantáneamente la felicidad de la otra.
Porque sabemos que siempre nos tendremos la una a la otra, y mientras eso sea así, todo estará bien.
Porque nos necesitamos para vivir como al aire para repirar.
Porque hemos pasado de todo, y todo lo hemos pasado juntas.
Porque una noche me viste llorar, y te subiste a mi cama y me abrazaste como si no hubiera nada más en el mundo.

Gracias.