Miki.

Porque con él los días de monotonía se hacían más divertidos. A veces era insoportable, pero aún así seguía siendo él, y es imposible enfadarse con él. Te hacía reír aunque estuvieras a punto de llorar. A su lado no había días grises. Y ahora me cuesta creer que se hayan acabado las clases junto a él, todas nuetras risas y los gritos de los profesores. Todo ese tiempo perdido en intentar que se callara, cuando todos sabemos que sólo Chuck Norris es capaz de hacer que él cierre la boca. Todos los chistes, las bromas, los cuchicheos. Sies horas con él todos los días. Y ahora...verle por los pasillos no es suficiente. Nada va a ser igual. Te voy a ehar de menos, bobo.