#1011

Mis opciones son dos:
Tengo tantos sentimientos dentro de mí que no sé cómo desahogarme. Tengo mucho miedo, y siento rabia. Tengo ganas de llorar, de gritar, de romper cosas. Quiero contar lo que siento, librarme de esa carga, pero no puedo porque siento tantas cosas que no sé qué es real y que no. Me ciegan los celos, el terror por poder perderte, las ganas de hablrazarte y no soltarte nunca jamás. Que todo lo que tengo aquí dentro, sea lo que sea, se multiplica por mil cada vez que apareces. Y eso pasa demasiado a menudo. Siempre. Apareces, estás y te vas. Y eso es todo. Y no soy capaz de controlar, no cuando se trata de ti. Y parece ser que me esfuerzo tanto en recuperarte que cada vez te alejo más y más de mí. Y lo gracioso es que no puedo parar, y me doy cuenta. Sé que la estoy cagando pero no puedo parar. Estúpida necesidad (de saber de ti, de quererte, de pensarte, de que me demuestres cosas que tal vez no puedas demostrar).
Y mi otra opción, mucho más simple y sencila.
No siento nada, no hay nada. Sólo culpa. Culpa por no sentir nada. Me obligo a mí misma a quererte, a pensarte, para no sentirme culpable. Egoísmo puro y duro. Y nada más allá. No eres tú, soy yo. Que me siento tan culpable que te ahogo a ti para sentirme mejor.