Marta sabe lo que quiere. Sabe también que es imposible. Pero prefiere llamarlo improbable. Porque lo improbable es por definición probable. Y si algo es improbable, puede que suceda. Y no importa lo que tarde en suceder.
Cierra los ojos fuerte, fuerte, fuerte. Pide un deseo. Sopla la pestaña. Abre los ojos. ¿Qué has pedido?