Sabía que esto se quedaría en punto muerto incluso antes de empezar. Quizá porque en el fondo somos los dos unos auténticos cobardes, aunque intentemos hacerle creer lo contrario al resto del mundo e incluso a nosotros mismos. Todo el mundo tiene un límite, y tú llegaste al mío demasiadas veces. El orgullo y la dignidad se me cayeron por el camino, y tuve que optar por pincharme dosis diarias de paciencia. Y es que hay que tener tres cosas para estar contigo. Paciencia, paciencia y paciencia. Punto.
Estaba totalmente atrapada, adicta a ti. Para mí eras la solución a los problemas, el parche de nicotina para los fumadores, la medicina para los enfermos, la metadona para los drogadictos. Decidí hacer oídos sordos y no creer a la gente que me decía que no hacías más que destrozarme lentamente.Y lo mejor de todo es que no me arrepiento de nada.