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Soy atravesada desde fuera hacia dentro, porque a la inversa no tendría sentido. Algo así como cuando te rompes una costilla y tienes la mala suerte de que ésta se clave en tu pulmón. Y a la mierda todo.
Hay quien lo llama mala suerte, yo prefiero llamarlo putada. Porque querer y no poder y poner y no querer es la forma más simple que tenemos de quedarnos en la línea de meta unos cuantos años, viendo a los demás pasar.
Pero no temáis, siempre poseí unas piernas fuertes. Corro y corro sin caerme hasta alcanzar mis alter egos. Ellas me sonríen y me golpean, pero ahí vamos, ganándole terreno. A mí me recuerdan al cuento de la liebre y la tortuga, aunque aún estoy decidiendo si quiere tener largas orejas o un caparazón.
Eso es lo que yo llamo putada. Cuando tu distorsión se mete de lleno entre tus pulmones después de que se rompa y la sangre te asfixie desde dentro. Lentamente.