Masoquistas. Eso es lo que somos. Y además nos gusta serlo, disfrutamos sintiendo dolor y echando de menos.
El mundo está lleno de inquietud y de mala existencia. Días en que escuchas canciones tristes para sentirte peor, días en que recorres recuerdos para sentirte muerto.
Realmente nos damos cuenta de que somos los únicos que nos encontramos solos. Todo ha sido creado para que nos duela. Miramos a nuestro alrededor y solo encontramos opuestos que se quieren. Sufrimiento dentro de nosotros.
Dos zapatos. El sol, la luna. El mar y la tierra. Lo pequeño y lo grande. El amor y el odio. El blanco, el negro, y los colores follando entre ellos. Letras y números que aunque creáis que no, se aman locamente. Verduras y chucherías que se encuentran en nuestras tripas. El vestido y tu piel. Dos ojos, dos manos, dos pulmones, dos orejas. Y dos pendientes para ellas. Dos, dos, dos. Los dos guisantes que quedan en tu plato tras comer. Los dos lados de la cama. Correr y andar. Los anises y las perdices. Las dos puertas del armario. Las dos sillas, de lado. Las dos únicas estrellas que brillan tras un día de tormenta. Los dos ladridos del perro. Las dos formas de quererte. El azúcar y la sal. El polo norte y el polo sur. Las dos emisoras de radio que tienen los mismos anuncios. Los dos enchufes enganchados en tu habitación. Las dos películas a elegir cuando vas al cine. Las dos tapas del váter. Las dos puertas continuas. Las -2 plantas en un parking. Los dos protagonistas de una película, que aunque les caiga un meteorito encima no se van a morir. Bueno, si se mueren no hay problema; las dos tumbas. El perro, el gato. El champú y el gel mezclándose. El student’s book y el workbook. El frío y el calor que nunca acaban. Las dos veces que lees el mensaje que acabas de enviar. Dos. Minimizar y cerrar. La manta y el edredón. Lápiz y boli. Cerveza y espuma. Los dos botones del ratón. Las dos ruedas de la bicicleta. Las dos veces que no me besaste.