Estaba harta. Enfadada. No podía más. Quería desaparecer. Deseaba desaparecer. Colgó el teléfono desganada y en apenas dos segundos ya tenía los ojos húmedos. No se esforzó por contener esas lágrimas que pugnaban por salir. Las dejo libres. El teléfono volvió a sonar. Descolgó y fingió. Cuando acabó de hablar se miro al espejo. Tenía una pinta horrible pero lo cierto era que no le importaba. Lo único que quería hacer era ponerse unos zapatos y salir corriendo de allí. Pero ¿Adónde iría? Era pronto y aunque el tiempo era espléndido no había un alma en la calle. Simplemente no podía hacerlo. Suspiro y resignada buscó algún lugar en el que nadie la molestara, quería estar sola, encerrada. Quería que la dejaran en paz. Entró en el pequeño baño resignada de tener que esconderse allí y cerró. Se sentó en el suelo. Cerró los ojos y dejo que fluyera. No quería elegir. No quería. Podía manejar la situación aunque todo el mundo se empeñara en que no, podía y lo sabía. Se sorbió los mocos y siguió con los ojos cerrados y la cabeza levantada mirando a la nada. Quería privacidad, la necesitaba. Se levanto costosamente y bajo la persiana. Se metió dentro de la bañera y corrió la cortina. Intentó tumbarse lo más cómodamente posible en ese pequeño espacio pero acabo acurrucada sobre la fría e húmeda superficie. Tenía la horrible sensación de que los perdía, de que ella había desparecido, era otra. Nueva y diferente. Había cambiado y no le gustaba. Se sentía frágil y tonta. Lo único que conseguía era enfadar a la gente y que acabaran chillando. El día anterior con ellas, ese día con ellos y esa tarde con él. No se podía permitir el lujo de perderlos, eran todo lo que tenía. ¿Desde cuando hacía enfadar a la gente?Y acababa haciendo que todos la chillaran. Odiaba los chillos. Odiaba sentirse alejada. Se odiaba a si misma pero a la vez a todos los demás. Cansada decidió dejar de pensar y acalló a su mente. La dejo en blanco. Cerró los ojos y se acurruco aun más en la bañera. Tenía un frío increíble, pero no pensaba levantarse. Sabía que no tenía tiempo que perder, tenía que arreglar esa horrible situación pero recordó lo que una amiga la había dicho un día antes: “No hagas lo que debas, haz lo que te apetezca” y continuó tumbada con los ojos cerrados, sin pensar nada, solo dejando el tiempo pasar. No se complicaría, solo trataría de ser mejor. Cuando cansada se incorporó y salió de la bañera se enjuagó la cara varias veces en lavabo. Se secó y abandonó el baño, más calmada y tranquila sin haber solucionado el problema, pero bien consigo misma. Millones de própositos le cruzaban la cabeza, pero sabía que sería incapaz de cumplirlos. Los quería demasiado. A ellos, a ellas y a él. A todos. No podía odiarlos aunque quisiera. Se puso un jersey y llena de renovada energía soluciono el problema y se hizo un propósito. Sabía que sería dificil de cumplir pero lo intentaría. Por ellos, por ellas, por él y por ella misma. Lo intentaría. No quería seguir complicando su vida, si no vivirla. Sí, solo se dedicaría a vivirla. A vivirla feliz y a tratar de alegrar a quien la rodeaban. No quería mas enfados. Ni discusiones. Ni chillos. Solo quería ser feliz y hacer felices a los demás. Ser feliz, solo eso…