Reflexión.
No levanto, me caigo y no me levanto. Me equivoco y no aprendo de mi error. Intento que no influyas, pero influyes. Guardo los sentimientos, no los saco de esa coraza que tengo en el corazón, y sin mas, sin ningún esfuerzo, salen a relucir. No pienso en ti, no tanto como antes. O eso creo. No te necesito, y lo sé, puedo vivir sin tenerte a mi lado. Sólo que cuesta hacerse a la idea, de que esa persona que creías que sentía algo por ti, no siente nada, y que te utiliza como una muñequita cuando quiere, y sí, lo más tonto es que tú siempre estás ahí, siempre. Y no quiero estarlo, no quiero seguirte este estúpido juego que tienes, pero no puedo evitarlo, va contra mis fuerzas, contra mis deseos. Mi cabeza dice no, mi corazón sí. Mi voz dice no, mis labios me delatan. Eres como una droga de la que no consigo desintoxicarme. Eres lo peor, pero la mayoria de las veces, lo mejor para mí. Eres lo que quiero, pero lo que no debo. Busco donde ya no queda nada, sólo quedo yo. Yo y mis sentimientos, sin nada que hacer, o me entrego a este puto juego, o te pierdo. Y no sé que es peor. Con lo fácil que sería si sintieras, si te dieras cuenta de las cosas, si te pararas a pensar en el daño que llegas a hacer, en que las personas tenemos sentimientos. No pienso vivir de esperanzas, ni de ilusiones, lo tengo muy claro. No sé que haré, pero tengo que reaccionar, no puedo seguir siendo la idiota de este cuento, ni mucho menos voy a seguir en algo que no tiene sentido.