A veces llegas a un punto en que nada vale la pena. Y es ahí cuando te das cuenta de quien importa realmente. Sólo esperas que no sea demasiado tarde para enmendar tus errores, para corregir tus fallos.
Tú nunca quisiste llegar hasta este punto, pero por unas circunstancias o por otras no te quedó otro remedio. Lo dejaste pasar y ése fue tu peor error. Sabes que no será fácil olvidarlo. Pero hay algo seguro: harás lo que sea por superarlo. Porque pasara lo que pasara, nunca te dio igual.
Estás aquí plantada, sin sabes muy bien qué decir; eres perfectamente consciente de que las palabras no siempre sirven. Pero aún no has perdido la esperanza, ni tienes intención de perderla. Porque estás palabras no son palabras cualquiera. Son palabras de verdad, de esas que vienen desde dentro y que a veces tanto te cuesta expresar.
Nunca fui capaz de expresar lo que siento más allá de lo que escribía. No soy capaz de admitir que estoy mal, porque eso significa que soy débil. Pero en este preciso momento todo en lo que creía se ha ido a la mierda, porque me he dado cuenta de que mi miedo a ser débil me ha alejado de las personas que más me importan. Lo peor es que me he dado cuenta tarde: lo dejé pasar y ése fue mi peor error. Sé que no será fácil olvidarlo, pero pase lo que pase, nunca me dio igual.
Estoy aquí plantada, he llegado a un punto en el que nada vale la pena.