A veces, este don que tengo para ver más allá de las personas es realmente jodido. Sí, jodido. Y lo es porque se me va de las manos, porque me dejo llevar por mis sentimientos más que por ninguna otra cosa, y no es precisamente bueno.
Me miro al espejo, ¿y qué veo? Una mirada rota. Una sonrisa fingida.
Amo y temo al mismo tiempo a la oscuridad. Al igual que a la soledad, a los días tristes, a los caminos sin final claro, a las tardes grises, al verano, a las cosas nuevas, a los recuerdos, a los misterios... ¿Y por qué temo algo tan simple? ¿Algo más simple incluso que todas las cosas anteriores juntas y reducidas mil millones de veces? Mi mayor temor es el propio miedo. Dicen que eso es muy sabio...
Yo no lo veo precisamente así.