Ash.

Nadie, nunca, me ha echo sentir lo que sentí cuando él me miró. La habitación adoptó un tono rosa. Se me hinchó la garganta y pude sentir el corazón latiendo allí, lo que se me hizo casi desagradable. No podía ver otra cosa más que sus ojos, eran ojos extraños, como prismas, que cambiaban de color igual que una estrella vista a través de una atmósfera densa.
Y él sintió lo mismo, exactamente lo mismo. Ahora sé por qué, pero él lo supo desde el principio. Supo que desde ese mismo momento, no íbamos a poder vivir el uno sin el otro, no sin sentir que algo faltaba. Porque eso es lo que se siente cuando has encontrado a tu alma gemela.