Yo no pertenezco a su mundo, nunca lo he hecho. Siempre lo he sabido, pero nunca quise verlo. Prefería creer que él sentía algo por mí, y me gustaba pensar que algún día me lo diría.
Imaginaba nuestro primer beso, suave y lleno de sentimiento. En un campo de fútbol, de noche, con todos los focos iluminándonos a nosotros.
Pero sólo eran fantasías. Fantasías que mi mente prefería creer antes que vivir la dolorosa realidad.
Y es que la realidad es que no pertenezco a su mundo, nunca le he hecho.