Hoy me he dado cuenta. Después de tanto tiempo, después de tantos eternos, asquerosos y esperanzosos días, he abierto los ojos.
Por fin –dirán algunos.
No os penséis –diré yo.
He aprendido algo con todo esto. Al final, mientras buscas entre el humo de cigarrillos inexistentes y mientras tu corazón se acostumbra a este sitio circular, ves que podría haber sido peor. Siempre puede ser peor.
Imagínate: podría haber acabado por no odiarte.